Teletrabajo: ya lo dijo Juan Pineda.

Fue en una conversación de cafetería, a media mañana, con café y pincho de tortilla, en la Fromagerie de Alcalá, en los bajos del edificio de Salustiano Olózaga en el que se encontraba la Escuela de Artes Decorativas en la que estudiaba. Primavera de 1998, lo recuerdo como si fuese ayer.

Juan Pineda, profesor de Proyectos de 4º Curso, acabada de diseñar un escritorio enfocado al teletrabajo (si si, 22 años antes del Covid-19), creo que para la firma Almerich, uno de sus clientes habituales. Por aquel entonces nadie tenía internet, y menos aún Juan Pineda, que 20 años después sigue sin usar el correo electrónico. Pero los “influencers” de la época pronosticaban que en poco tiempo todos trabajaríamos desde casa. Las videoconferencias las conocíamos por “Regreso al Futuro II” y por los documentales, pero ninguno de nosotros había hecho nunca ninguna. Nuestros ordenadores no disponían de webcam, ni mucho menos de conexión a internet. El correo electrónico existía, pero no estaba generalizado. Las pequeñas y medianas empresas solían disponer de una única dirección de email, como disponían de un solo número de fax.

Durante esa conversación de cafetería sobre el futuro del trabajo, el “teletrabajo”, Juan Pineda pronosticaba, entre otras cosas, el renacimiento de la heráldica. Puesto que cada familia dispondría de su propio “video-teléfono”, aseguraba que en la vivienda habría un lugar dispuesto para servir de fondo en las videollamadas, y que en ese espacio se expondría el escudo familiar, a modo de imagen de marca personal presente en todas las comunicaciones. ¡Qué poco acertamos!

Nadie, por aquél entonces, podía preveer que 22 años después, el teletrabajo no fuese una realidad cotidiana. Y no lo fue hasta que nos llegó impuesto en forma de Real Decreto, como medida defensiva improvisada contra un enemigo microscópico al que nadie temía, y al que aún hoy , por desgracia, muchos desdeñan.

¿Por qué hemos tardado tanto? ¿No estaban claras las ventajas sociales, familiares, económicas y ecológicas del trabajo en casa? Los medios los teníamos. ¿Por qué solo los freelance teletrabajaban hasta hace tres meses, y ahora resulta que más de la mitad de los funcionarios públicos son capaces de teletrabajar? Cuanto dinero, y sobre todo TIEMPO, el más preciado de nuestros bienes, podríamos haber ahorrado si hubiésemos empezado a teletrabajar hace 10 años? Muchos hemos descubierto el paseo diario, la práctica de deportes al aire libre, la compra en las tiendas de proximidad, la lectura en el balcón de casa, y muchas más cosas muy sencillas, gracias a una tecnología de la que disponíamos ya, y que podríamos haber usado mejor desde hace mucho. No le estábamos sacando partido!

¿Cuantas cosas dejarían de ser necesarias si teletrabajásemos más? Se me ocurren muchas: los parquímetros, el bus vao, las mega-autopistas de acceso a las ciudades, los aparcamientos disuasorios, las ciudades dormitorio, los vehículos eléctricos e híbridos a precio de oro, los madrugones malsanos para no coger atasco, la esclavitud de los abuelos frente a los nietos, las listas de espera de las guarderías, la comida en tupperware día trás día, o incluso peor, las comida basura día tras día, las colas en el transporte público, las sueños irremediables en el bus de ida, y sobre todo en el de vuelta,…

¿Teletrabajar tiene desventajas? Claro. Todo lo que haces lo puedes hacer bien o mal, o te pueden imponer hacerlo mejor o peor. Si por culpa del teletrabajo te has convertido en un esclavo, entonces o no lo has entendido bien, o tu jefe ha procurado que no lo entiendas. ¿Has dejado de relacionarte? Mal otra vez. Suma todas las horas que te ahorras en desplazamientos y regálaselas a una ONG de tu barrio – no te faltarán las relaciones. ¿Teletrabajando te organizas peor? No mientas. Eres desorganizado con y sin teletrabajo. Trabajar en casa no tiene nada que ver con el caos de tu agenda, o con tu falta de ella. Si necesitas de la imposición de un horario para organizarte, el problema no es el teletrabajo; el problema eres tu. Decía la Ministra de Trabajo esta mañana que el teletrabajo ha llegado para quedarse. Ojalá! Y ojalá se legisle bien para hacerlo ventajoso para todos.

Yo, personalmente, ahora vivo mejor. Mi nueva normalidad es más saludable, más natural, más familiar, más productiva, más económica y más sostenible que mi realidad anterior. Virus aparte, esta realidad me ahorra de media tres horas diarias en desplazamientos, mucho dinero en combustible y mucho estrés. Si puedo seguir teletrabajando, al menos un par de días por semana, lo haré sin dudarlo.

Carlos Rubio Orea. Director de Insenia Design School Madrid.

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