No soy un Artista.

Sobre la naturaleza de la labor del diseñador.

Los vínculos entre el diseño y los movimientos artísticos de vanguardia son el centro del debate entre profesionales de todos los ámbitos del diseño.

Se suele confundir con frecuencia a los diseñadores y a los artistas, aunque únicamente tienen en común la creatividad. El diseñador proyecta el diseño en función de un encargo, y ha de pensar tanto en el cliente como en el usuario final, justificando sus propuestas. El artista, sin embargo, es más espontáneo y sus acciones no tienen porque estar justificadas más allá de su voluntad de expresarse. El diseño guarda relación con la actividad artística en la medida que usa en su beneficio un lenguaje similar, que utiliza una gramática aprendida de las artes plásticas, pero es un fenómeno de naturaleza más compleja. No hay diseño si no hay producción, venta y uso.

A diferencia del arte y en especial de las artes plásticas, donde los protagonistas son los objetos y sus autores, el proceso del diseño no se basa sólo en los proyectistas. Los fabricantes, productores, contratistas y el mismo público tienen un peso, si cabe, mayor que el propio diseñador.

El diseñador no sirve a la sociedad creando belleza con la belleza. Lo hace aportando bienestar a lo cotidiano. Un buen diseño no tiene porque ser espectacular, ni colorista, ni novedoso. Ha de ser apropiado para su uso y para su usuario. Con esa mera característica, aporta ya mucho al azar propio de la naturaleza, y la transforma a imagen y semejanza de su entorno humano inmediato. El buen diseño, se caracteriza por su utilidad y funcionalidad y no siempre por su originalidad o belleza.

Así, en periodos de recesión, la crisis económica no implica nunca una crisis creativa. Muy al contrario, cuantos mayores sean los condicionantes, las dificultades y la escasez material, mejor y más rápido ha de fluir la creatividad del diseñador, obstinado en la consecución de fines materiales, funcionales, comerciales, ergonómicos y medio-ambientales, sea cual sea la materia prima, sin perder la estética, ni por supuesto, la ética. La historia nos demuestra que cada crisis económica ha venido seguida de uno o varios movimientos sociales y creativos revolucionarios, nacidos para dar respuesta a nuevas necesidades aún insatisfechas.

Nuevos tiempos, nuevas necesidades, nuevas ideas, nuevas soluciones.

Vacas flacas si. Ideas flacas no.

Carlos Rubio Orea. Interiorista en Estudio CeroEspacio y director de Imadde Insenia Design School Madrid.

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